Semblanza de Lovecraft

Tumba de H.P.Lovecraft con el breve, pero significativo, epitafio "Yo soy Providence"

Tumba de H.P.Lovecraft con el breve, pero significativo, epitafio "Yo soy Providence".

Howard Phillips Lovecraft, “hado del horror inimaginable” (según la enciclopedia fantaciencia) fue una de esas figuras de la literatura injustamente ignoradas en su tiempo. Peor aún, su vida estuvo plagada de acontecimientos adversos que influyeron en su personalidad. No obstante, él logró extraer de esa miríada de dificultades la fuerza suficiente como para plasmar en papel sus ideas. Sin dudas ello resultóle complicado y es por eso que se ha creado todo un mito sobre su “locura”. En más de una forma, creo yo, Lovecraft se ha convertido en el catalizador de todos quienes piensan distinto a la mayoría, pues han sufrido un rechazo social semejante al vivido por este escritor norteamericano.

Yendo más allá de un simple análisis de su personalidad, podemos afirmar con certeza que Lovecraft abrió un nuevo camino al género de horror, confiriéndole un aire de realismo o materialismo del cual hasta entonces había carecido; por algo suele denominársele como “el creador del cuento materialista de terror”. Esto lo captaron algunos de sus contemporáneos, como por ejemplo August Derleth, Frank Belknap Long y Robert E. Howard, quienes le brindaron su ayuda y amistad. Entre todos colaboraron activamente en lo que hoy se denomina “los mitos de Cthulhu”, transformando de esta manera el antiguo y tradicional concepto del terror.

Su primer relato publicado fue Dagon, en la revista Weird Tales (cuentos fantásticos) en el año 1917, es decir, en la época previa a la primera etapa de la ciencia-ficción (1926-1938), por lo tanto, es innegable cierta influencia de ella. De esta influencia pudieron obtenerse buenos detalles narrativos, que le dan mayor verosimilitud a lo escrito por Lovecraft. Es así como los monstruos y demonios pasaron a provenir no de un obscuro “más allá”, sino de una “aterradora dimensión” o de un “abismo intergaláctico”. De aquí que a veces la línea divisoria entre terror y ciencia-ficción no esté clara en algunos relatos (“la sombra fuera del tiempo”, “en las montañas de la locura”). A pesar de eso, la narrativa que cultivó es ante todo terror.

La fuerza que lovecraft ponía en sus relatos, la correcta y prosaica manera de redactar y las vívidamente reales descripciones de hechos y situaciones del pasado demuestran su calidad de artista, pues el libro imaginario Necronomicon que aparece asiduamente en sus obras ha pasado a engrosar la lista de los libros “malditos” tal como lo son, por ejemplo, el “libro de toth” y “las estancias de Dzyan”. La especial atmósfera creada por Lovecraft contenía un aire de realismo sumamente tangible, por lo que han sido muchos quienes creen en la existencia del ya mencionado Necronomicon. Hasta el día de hoy el libro es solicitado en bibliotecas y librerías; inclusive en una revista año cero un lector preguntó dónde podría conseguirlo. Esto ha sido objeto de una controversia desmesurada, a tal punto que Colin Wilson (crítico y comentarista) opina que Lovecraft creía en los mitos de Cthulhu; pero August Derleth (amigo y continuador de Lovecraft) desmentía esa afirmación para ello ver el libro “El rastro de Chulhu”, de Derleth . Jacques Bergier (investigador y científico, con quien Lovecraft mantuvo correspondencia) afirma que en una de sus cartas el mismo creador del Necronomicon le afirmó que dicho libro no existía y era fruto de su imaginación. A veces uno puede verse sumido en la duda, pues, a guisa de ejemplo, en la contratapa de una revista extranjera era anunciada la publicación en fascículos del Necronomicon. Esto último puede ser una manifestación más de la cultura (¿o incultura?) consumista que nos rodea, en la cual todo vale con tal que venda. Los mitos de Lovecraft se han convertido en uno de los tantos temas polémicos que existen en el mundo y para cualquier lector de terror avezado ello es claro. A fin de cuentas, es fácil imaginar que en verdad leyó algunos textos ocultos y para disimular inventó el nombre de Necronomicon; pero con la imaginación pueden hacerse muchas cosas.

Lovecraft también ha sufrido ataques por sus ideas pro nazis. Además, en la actualidad agrupaciones de extrema religiosidad lo usan como símbolo de la maldad, un símbolo de literatura “degenerada”. No me parece adecuado llegar a un extremo como ése y hay que mencionarlo porque es parte de las consecuencias de la obra de este escritor, una demostración de lo profundo que él caló en la conciencia de la gente.

En términos simples y criollos podemos aseverar que Lovecraft “pena” dentro del universo de la literatura de terror, porque es común que cada buena antología del mismo contenga una historia, frase o alusión del “solitario de Providence”. Esto sucede no sólo en las obras de terror: Jacques Bergier ya mencionado y conocido por quienes nos interesamos por los “temas condenados” realiza un alcance sobre Lovecraft en su libro “los extraterrestres en la historia”. En dicho alcance menciona la ciudad perdida de Irem (Arabia, que en realidad es conocida como el yafri), en el cual no descarta la existencia de ella.

Ha sido inevitable la vulgarización de la mitología lovecraftiana. Es así como el temible Cthulhu y uno de los grandes antiguos aparecen caricariturizados en la mediocre serie de dibujos animados “Los cazafantasmas”. También existen dos películas de segunda categoría basadas en historias de Lovecraft: “Reanimator” y “From beyond”. El ambiente que emana de ellas es el del clásico esquema de sangre y cuerpos cercenados sin mayor orden. Y esto nos indica algo ya de sobra conocido: la baja calidad de las películas de terror, en las cuales prima el impacto visual de los efectos especiales por sobre el argumento. El mejor ejemplo de ello lo constituye la última versión de la película “La mosca”, que en poco se parece al relato original de George Langelaan.

Internarse en el mundo lovecraftiano es adentrarse en un mundo en el que las pesadillas, los sueños, lo arcano, lo grotesco y los dioses de diversa índole así como sus sicarios dominan con una fuerza atávica y oculta, un mundo que subyace bajo el nuestro y que aflora ocasionalmente cuando se dan determinadas circunstancias. Todo este universo de horror cósmico se encuentra siempre presente a través de variadas leyendas y figuras esculpidas, pudiendo ser alcanzado desde cualquier punto de nuestra sociedad, trastocando la visión del cosmos que poseen quienes osan hacerlo. Quizás refleje la dualidad bien-mal, donde el mal puede formar parte del bien y viceversa. Además, la homologación con la mitología cristiana que habla de una rebelión angelical el alzamiento de los primigenios contra los dioses arquetípicos es obvia; J.R.R.Tolkien también lo hace en sus relatos con la rebelión de Melkor contra Ilúvatar. Dejo un estudio de este tipo a quienes gustan de los estudios comparativos.

El tiempo ha transcurrido de la manera inexorable que lo caracteriza, estampando a Lovecraft en la historia de la literatura de horror como una de sus piedras angulares. Con este discurrir ha sido inevitable según ya he mencionado la mistificación de su imagen. Hay quienes lo consideran un loco; otros, en cambio, le rinden culto. La verdad, a mi juicio, radica en un mesurado eclecticismo entre estas dos tendencias. Su gran cultura autodidacta desmiente cualquier epígrafe de “ignorante”; la complejidad y profundidad de sus mitos (en parte reales y en parte imaginarios) se contrapone al calificativo de “simplista”; sus amistades replican en término de “anacoreta”. De todo eso podemos obtener una semblanza más verdadera de su personalidad, la cual nos indica que, si bien arrastraba conflictos emotivos personales, ello no le impidió desarrollar su temática literaria. Y dentro de ese desarrollo es grato reconocer que no mezcló la política con la literatura, algo que hoy en día es difícil encontrar.

La riqueza de la palabra escrita se ha perdido en las últimas generaciones; era algo que ya comenzaba a suceder en la época en que lovecraft publicó sus relatos. Por esto es que su estilo gótico sorprende e impresiona todavía más que antes, pues el nuestro es un mundo de vulgaridades y simplezas. Hay que considerarlo para darle las últimas pinceladas a esta semblanza, ya que en poco nos serviría el comprender el ambiente socio-cultural de lovecraft sin comprender el nuestro. Quizás sea mejor imitarlo en su riqueza idiomática como una forma de superarnos, de volver a ser capaces de generar sensaciones extremas mediante las palabras. Tal vez sea un paso el primero para llegar a comprenderlo.

Creo justo finalizar con un trozo del ya famoso Necronomicon que, de alguna manera, realiza un alcance filosófico sobre la inmortalidad y que admite más de una interpretación:

“No está muerto lo que eternamente puede dormir.

Y con extrañas eran aún la muerte puede morir.”

Desde estas líneas rindo un homenaje a tan egregio escritor, esperando con ello hacer justicia con su ignominioso fin.

Teobaldo Mercado

Bibliografía:

Enciclopedia Fantaciencia, Egc S.Aa., España, abril de 1982.

Los libros condenados, de Jacques Bergier, Plaza y Janés, España, 1976.

Los extraterrestres en la historia, de Jacques Bergier, Plaza y Janés, España, 1972.

Los mitos de Cthulhu, de H.P.Lovecraft y otros, Alianza Editorial S.A, España, 1978.

El Silmarillion, de J.R.R.Tolkien, Ediciones Minotauro, Argentina, diciembre de 1989.

En las montañas de la locura, de H .P.Lovecraft, Editorial Seix Barral, España, 1981.

Sobre la ciencia-ficción, de Isaac Asimov, Editorial Sudamericana, Argentina, 1982.

Arthur Machen según H.P.Lovecraft

Lo admito. Una de mis debilidades literarias es Arthur Machen (1863-1947). Su exquisita prosa, la descripción de ambientes donde aun es posible hallar ruinas romanas, la capacidad de hacer presente el verdadero terror, la facilidad en crear diálogos, y la temible concepción de mundo subyacente en sus relatos y novelas, siempre me ha atraído. Tanto, por cierto, como la fantasía exuberante de los mundos creados por Clark Ashton Smith, y el horror cósmico plasmado por H.P.Lovecraft.

No es extraño que estos dos últimos hayan sido fieles seguidores del inglés. En efecto, en los tres autores signados hay una atmósfera semejante, una visión del mal, que pocos han podido captar. Machen la expresa muy bien en “El pueblo blanco”, cuando alguien pregunta acerca del verdadero significado del mal. El texto es tan interesante, que la misma dupla Bergier-Pauwels, en su Retorno de los Brujos, la dio a conocer al público francés, y de paso al hispanoparlante.

¿Qué había dicho el genio norteamericano del terror sobre Machen?

En carta a su amigo Robert Bloch (el autor de Psicósis), fechada el 9 de Abril de 1934, Lovecraft anunciaba haber leído un nuevo libro de Machen, intitulado The Green Round. Su comentario es el que sigue:

“A bit tame, yet full of the old magic & sense of unreal worlds close to our own. Better give it a once-over” (*1).

Lovecraft, por cierto, tenía libros de Machen. Entre ellos: House of Souls, Hill of Dreams, Shining Pyramid, The Terror, Three Impostors. Digamos que los libros indicados son bastante representativos de la literatura macheniana. Además en la revista fantástica donde HPL escribía, es decir la ahora célebre Weird Tales, se publicaron dos relatos del maestro británico: “The Bowmen” (edición Julio de 1928) y “The Lost Club” (Octubre de 1935).

También el genio de Providence poseía la antología Strange Assembly de John Gawsworth (seudónimo), editada por Unicorn Press, Londres, en 1932.

En el ensayo Supernatural Horror in Literature, HPL dice cosas bastante halagadoras acerca de Machen.

Por ejemplo: “Entre los creadores actuales del miedo cósmico que han alcanzado el más alto nivel artístico son pocos los que pueden compararse con el polifacético Arthur Machen…”.

HPL dedicará en el precitado texto algunas páginas exclusivamente a este autor, lo que demuestra su interés por un escritor que supo unir los terrores antiguos con parajes modernos, dándole a la narración un halo de realidad pocas veces logrado.

La atmósfera urdida en los relatos de Machen, como su concepto del mal, serán tratados en otra oportunidad.

Por cierto, siempre que estas fuerzas no me lo impidan…

NOTAS:
1.- Letters to Robert Bloch. Editado por David E. Schultz y S.T.Joshi. Necronomicon Press. Rhode Island, 1993. p. 48)

2.- Hay traducción en castellano. El horror en la literatura. Alianza editorial, 1984. p. 88. De aquí hemos tomado la traducción, que fue realizada por un notable Francisco Torres Oliver.


© Sergio Fritz Roa. 2003

Nathicana: ¿el poema más enigmático de Lovecraft?

1.- Breve introducción

Asombrará a la mentalidad moderna, tan habituada y saturada del culto al sexo, no hallar casi ningún rastro de erotismo (1) en la cantidad inmensa de prosa y poesía legada a la literatura por H. P. Lovecraft (1890-1937). Ello por cuanto incluso las obras de sus colegas más queridos en el terreno de la ficción (2) contienen abundantes elementos dotados de una sensualidad innegable.

Por esto llama la atención un poema que nos puede mostrar a un otro Lovecraft. Su nombre: Nathicana.

Dicha obra no sólo es curiosa desde esta perspectiva; sino que además por encontrarse escrita en verso libre, estilo que el gentleman de Providence decía detestar. El carácter conservador de nuestro escritor le impedía aceptar una forma literaria que rompía con las reglas poéticas preservadas desde hace mucho tiempo, a la vez que le hacía desconfiar de un “método” que parecía más para personas poco laboriosas que para verdaderos oficiantes de la escritura como él.

Sobre el verso libre, H.P.L. señalaba:

“De las varias formas de manifiesta decadencia en el arte poético de la edad presente, nada golpea tan duramente sobre nuestra sensibilidad como la alarmante declinación en aquella regularidad armoniosa del metro, la cual adornó la poesía de nuestro ancestros inmediatos” (3).

¿Cuál es la causa por la que en Nathicana Lovecraft rompiera con sus aceradas ideas y su práctica ritual? No lo sabemos. Pero podemos especular que se debió a una especie de juego literario al cual estaba acostumbrado, y que se manifiesta tanto en su comunicación epistolar como en su faceta literaria. Este aspecto lúdico que contrasta con la fría y pálida figura que los medios han hecho de H.P.L., lo llevaba a dar como lugar de remitente el Desierto de Leng y otras de sus fantásticas creaciones de geografía onírica, a utilizar el apodo del abominable Abdul Alhazred, a incluir a sus amigos en sus relatos o a colaborar en la elaboración de cuentos colectivos.

Nathicana podría ser, por tanto, una broma más de H. P. L… (4)

Sobre la fecha de este poema, podemos conjeturar que se hallaría entre 1916 y 1920. Por otra parte, la extensa y bastante minuciosa bibliografía lovecraftiana de poesía incluida en la página http://www.hplovecraft.com no aporta la fecha de su escrituración.

Sólo tenemos certeza respecto al lugar donde fue publicado originariamente. Sería la revista de fantasía The Vagrant. En sitios web se indica que habría sido publicada en dicha revista durante la primavera de 1927. No obstante, en Lovecraft, una biografía (5) de Sprague de Camp, se señala en la nota respectiva, primavera de 1917; lo cual nos confunde aun más.

El enigma es mayor cuando sabemos que hay quienes creen que dicho poema sería obra no de uno sino de dos autores: H. P. Lovecraft y su amigo Alfred Galpin.

El estilo poético tiene indudables influencias de E. A. Poe como de los románticos europeos. Pero en verdad no sólo el estilo, sino el espíritu. De ello da cuenta la sentencia siguiente: ” El horrible coma llamado vida…”. La muerte es algo deseado. Es el lugar donde la paz es eterna.

Poe, en el poema Para Annie, como en verdad en la casi totalidad de su narrativa fantástica, consigna una idea similar:

“¡Alabemos al Eterno!…
el mal ha cesado ya
y la fiebre del “vivir”
ahora vencida está (6) ” .

La vida, para Lovecraft y el autor de El gato negro es, entonces, un coma, una fiebre. Estado anormal y enfermo, propio del ser manifestado.

Uno puede preguntarse si la referencia lovecraftiana a Zais, ¿es una alusión a Die Lehrlinge zu Sais (Los discípulos en Saís) (7) de nuestro apreciado Novalis? Ello es factible, y demostraría lo dicho respecto a la visión romántica, o quizás más precisamente “gnóstica”, de H.P.L.

La alegoría del blanco y rojo es interesante. Nathicana, pálida y hermosa, representa la Poesía, el Bien Supremo. De alguna manera ella incluye la trilogía platónica: Verdad – Bien – Belleza. La vida, por el contrario, es simbolizada por el rojo, color de la sangre. Lo que era sin-existencia en algún momento es alterado por la vida, con su color rojizo, que para el poeta es algo nefasto, pues implica necesariamente un camino hacia la decadencia. Una mutación, y por tanto lo opuesto a lo Ideal, siempre inmutable.

Finalmente, el rojo todo lo cubre. Por ello, el narrador prepara un brebaje para acabar rápidamente con la maldita influencia de la vida… Sólo así volverá la arquetípica Nathicana, “cuya imagen no es posible encontrar en vida”.


2.- La traducción

La única traducción al castellano del presente poema que conocemos es la realizada por Emiliano González e incluida en la antología intitulada El libro de lo insólito (8) .
Del sitio http://www.geocities.com/area51/shire/7473/nathicana.html hemos rescatado este poema, para traducirlo.

Hacemos presente que se han encontrado pequeñas diferencias entre ambos textos (el recogido por el escritor mexicano y la versión internética); por lo cual hemos optado por seguir el orden expuesto en la versión en inglés.

A continuación, nuestra traducción del poema Nathicana.

NATHICANA


Fue en el pálido jardín de Zais,

Los jardines neblinosos de Zais,
Donde florece el nephalot blanco,
El perfumado heraldo de medianoche.
Ahí dormitan los quietos lagos de cristal,
Y arroyos que fluyen sin murmurar,
Los suaves arroyos desde las cavernas de Kathos
Donde germinan los espíritus calmos del ocaso.
Y sobre los lagos y arroyos
Hay puentes de alabastro puro,
Puentes blancos todos tallados hábilmente
Con figuras de hadas y demonios.
Aquí resplandecen soles raros y planetas extraños,
Y extraña es la creciente Banapis
Que se pone más allá de las murallas cubiertas de hiedra
Donde se hace espeso el ocaso del atardecer
Aquí caen los vapores blancos de Yabon;
Y aquí en el remolino de vapores,
Yo vi a la divina Nathicana;
La enguirnaldada, blanca Nathicana;
La de ojos humildes, la de labios rojos Nathicana;
La de voz plateada, la amada Nathicana;
Y siempre fue ella mi amada;
Desde las edades en que el tiempo era no nacido;
Cuando nada nacía, salvo Yabon.
Y aquí habitábamos por siempre
Los niños inocentes de Zais,
En forma queda, en los senderos y las plazoletas
Coronados de blanco con el bendito nephalot.
¡Cómo acostumbrábamos flotar en el ocaso
Sobre prados cubiertos de flores y sobre laderas
Todas blancas con el humilde astalthon;
El humilde pero amado astalthon,
Y soñábamos en un mundo construido de sueños
Sueños que son más rubios que Aidenn;
Sueños luminosos que son más reales que la razón!
Así soñamos y amamos a través de las edades,
Hasta que vino la maldita estación de Dzannin;
La estación maldita por demonios de Dzannin;
Cuando rojos brillaron los soles y planetas,
Y roja brilló la creciente Banapis,
Y rojos cayeron los vapores de Yabon.
Entonces enrojecieron las flores y los arroyos
Y lagos que yacían bajo los puentes,
E incluso el calmo alabastro
Brilló rosado con reflejos misteriosos
Hasta que las esculpidas hadas y demonios
Miraron, rojos, desde detrás de la sombra.
Ahora mi visión enrojecía, y en forma demencial
Yo me forcé por vislumbrar a través de la densa cortina
Y vi a la divina Nathicana;
La pura, siempre pálida Nathicana;
La amada, inmutable Nathicana.
Sin embargo, vórtice sobre vórtice de locura
Nublaron mi laboriosa visión;
Mi maldita, enrojecida visión;
Que construía un mundo nuevo para mi contemplación;
Un mundo nuevo de color rojo y tinieblas,
Un horrible coma llamado vida
Ahora en este coma llamado vida
Yo contemplo los brillantes fantasmas de belleza;
Los fantasmas de falsa belleza
Que ocultan todas las maldades de Dzaninn.
Los veo con ansia infinita,
Tan parecidos a mi amada:
Aunque en sus ojos brilla su maldad;
Su crueldad e impiedad,
Más despiadada que Thaphron y Latgoz,
Doblemente nociva por su disimulo que atrae.
Y sólo en los sueños de medianoche
Aparece la perdida doncella Nathicana,
La pálida, la pura Nathicana
Quien se desvanece en la mirada del soñador.
Una y otra vez yo la busco;
Y en mi lástima recurro a los profundos tragos de Plathotis,
Profundos tragos mezclados en el vino de Astarte
Y fortalecidos con lágrimas de largo llanto.
Y añoro los jardines de Zais;
Los amados, los perdidos jardines de Zais
Donde surge el blanco nephalot,
El flagrante heraldo de medianoche.
El potente último trago estoy preparando;
Un brebaje con el cual los demonios se deleitan;
Un trago con el cual desaparezca el color rojo;
El horrible coma llamado vida.
Pronto, pronto, si no me falla el brebaje,
El rojo y la locura se desvanecerán,
Y en la profundidad tenebrosa habitada por gusanos
Se pudrirán las cadenas que me han sujetado.
Una vez más los jardines de Zais
Resplandecerán blancos en mi visión largamente torturada
Y en medio de los vapores de Yabon
Se levantará la divina Nathicana;
La eterna, restaurada Nathicana;
Cuya imagen no es posible encontrar en vida.

NOTAS:

1.- Otra débil acentuación “erótica” que puede hallarse en la obra lovecraftiana es la canción incluida en su relato La Tumba (Obras escogidas. H. P. Lovecraft. Editorial Acervo, Barcelona, 1966. p. 34). Anotemos que las pocas mujeres que encontramos en los relatos de H. P. L. suelen asociarse al mal y están menguadas de los encantos que las caracterizan en la vida real.

2.- E. A. Poe, Arthur Machen, Clark Ashton Smith y Robert E. Howard, por ejemplo.

3.- Metrical regularity. Artículo publicado en The Conservative (la publicación creada por el genio de Providence), en Julio de 1915. Actualmente incluido en el libro The Conservative. H. P. Lovecraft. Introducción de S. T. Joshi. Necronomicon Press, West Warwick, Rhode Island, 1990. p. 5.

4.- Luego de haber escrito esta introducción encontramos una interesante información que demostraría lo anterior. En el sitio http://sprg.ssl.berkeley.edu/~wcoburn/hpl/nathanic.html existe una nota que indica que H.P.L en una carta enviada a su amigo Donald Wandrei, de fecha 2 de Agosto de 1927, señalaba que el presente poema sólo era un juego, cuyo contenido era poco importante. Y así dice que Nathicana es una: “parody on those stylistic excesses which really have no basic meaning”.

5.- Lovecraft, una biografía. L. Sprague de Camp. Valdemar ediciones, Madrid, 1992. Nos referimos a la nota N° 6 al capítulo VIII, p. 384.

6.- El cuervo, Las campanas y otros poemas. Edgar Allan Poe. Editorial de Grandes Autores, Buenos Aires, 1943, p. 113.

7.- Los discípulos en Saís se encuentra incluido en Los románticos alemanes. Hoffmann, Novalis y otros. Centro editor de América Latina, S.A., Buenos Aires, 1968.

8.- El libro de lo insólito. Emiliano González y Beatriz Álvarez Klein. Segunda edición, Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1994. El poema se encuentra en pp. 345-348.

©2004.Sergio Fritz Roa, por la introducción, notas y traducción.

VISIONES SOBRE LA OBRA DE H. P. LOVECRAFT” de Sergio Fritz Roa

“CRUZANDO EL UMBRAL: VISIONES SOBRE LA OBRA DE H. P. LOVECRAFT” de Sergio Fritz Roa

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Platonismo y cuento de terror

Arthur Machen (1863-1947)

Arthur Machen (1863-1947)

Te digo que todas estas cosas no son más que sueños y sombras: las sombras que ocultan el mundo real de nuestros ojos. Hay un mundo real, pero está más allá de esta apariencia y de esta visión…”

Estas frases, que aparecen en el que quizá sea el relato más conocido (1) del escritor galés Arthur Machen (1863-1947), parecen sorprendentemente calcadas del así llamado “mito de la caverna”, de Platón. Fue Roger Caillois quien, distinguiendo las categorías de “fantástico” y “maravilloso”, señaló a la primera como a un espacio cotidiano fisurado por una grieta. Un espacio de transgresión, asediado por la presencia de “lo otro”, de aquello que acecha detrás de nuestro mundo y sus coordenadas. Esta definición de lo fantástico resulta enteramente funcional al platonismo, en cuya concepción nuestro universo no es sino una mera participación, una sombra del mundo verdadero, que es el de las ideas. (En sentido platónico, no psicológico. En aquel contexto las ideas son entes con realidad objetiva, más objetiva y más real que la de las cosas.) La estructura mencionada se encuentra implícita en las religiones, o, mejor dicho, en cierto estadio del desarrollo de la mentalidad religiosa (2), y se hace explícita cuando la religión se razona, transformándose en teología. Para Platón, el mundo de las ideas es el verdadero mundo, regido por el bien, mientras el universo de las cosas no es sino algo caído, una sombra. Esta concepción alcanzó su concreción máxima con Plotino y otros neoplatónicos. De igual modo, para el pensamiento religioso el ultramundo puede ser la fuente y a la vez la finalidad del mundo, como ocurre de hecho en la concepción cristiana. Sin embargo aquello “otro” – lo sagrado – no se agota en este su aspecto benéfico. En el cristianismo, el diablo ocupa una posición antipódica – si bien menguada por su condición de creatura – con respecto al Dios de la vida. (3). La ficción terrorífica se constituiría a partir de un énfasis en el aspecto oscuro de lo sagrado. Desde luego, un cuento de miedo no tiene por qué estar compuesto de elementos sobrenaturales, y quien lo dude puede preguntarle al doctor Hannibal Lecter. Por otra parte, lo fantástico no es forzosamente terrorífico. Puede dar lugar a la maravilla, al éxtasis. (Y aquí hago entrar en juego una concepción de “maravilloso” distinta a la proporcionada por Caillois.) No se trata, entonces, de una equivalencia estricta sino de un privilegio. Lo fantástico es un campo no exclusivo, sino privilegiado para el espanto. La razón de este énfasis hay que buscarla en el propio carácter transgresivo, desestructurante, de lo fantástico. Su fisura – aquella simbolizada por la grieta en el muro de la Casa Usher – puede volverse el comienzo de la locura. Así lo han percibido, clara u oscuramente, los autores de “cuentos de terror preternatural”, según la expresión de Lovecraft. Para algunos de ellos – el propio Lovecraft, Machen, William Hope Hodgson – la ideología platonizante que subyace a sus relatos es enteramente consciente, explícita, y se transforma en la estructura formal de los mismos, constituyendo una visión de mundo que roza la teología.

Todo lo anterior resulta especialmente claro en el caso de Arthur Machen. No solo resulta platónico en forma explícita y muy evidente. También consigna la ambivalencia de lo sagrado. “Brujería y santidad (…) esas son las únicas realidades”, dice en uno de los textos más sorprendentes producidos por la literatura fantástica, la primera parte de “El Pueblo Blanco.” (4) Sabe, entonces, que lo suyo – el miedo – es un énfasis, no desconoce la vertiente luminosa de “lo otro”, aunque esta no sea el tema directo de un artista “terrorífico”. En este punto resulta sutilmente distinto de Lovecraft. El soñador de Providence era un ateo según propìa declaración, y se definía a sí mismo como “materialista mecanicista” y “monista dogmático” (5), mientras Machen parece haber sido un sujeto con inquietudes místicas. Tiende a probarlo su afiliación a la “Golden Dawn”, así como su posterior reconversión al cristianismo. Lovecraft es en sus textos un pesimista que contempla un mundo asediado por potencias negras, sin atisbar posibilidad alguna de defensa. (6). En Machen se insinúa la partición del campo de lo sagrado. El espacio macheniano comienza a constituirse como tripartito, y no bipartito como es regla en el relato fantástico en general. Esta tripartición del espacio, la misma de la estructura religiosa tradicional, se muestra de manera clara en algunos cuentos maravillosos donde las hadas, haciendo causa común con los mortales, se enfrentan a las malvadas brujas. Y, si de acuerdo con Rosemary Jackson, lo propio de lo maravilloso es la elaboración de mundos alternativos (7), de las que nuestra propia realidad resulta ausente, como ocurre en la obra de Tolkien, lo que vemos desenvolverse en ellos es el conflicto de los dos polos de lo sagrado en estado puro. Aquí el platonismo ha desaparecido, puesto que ha desaparecido el sujeto realista, que es el sujeto del relato fantástico. Nos hallamos al otro lado del espejo, donde ángeles y demonios luchan desenmascarados. Pero no es este el mundo de los cuentos de miedo.

Notas.

  1. Arthur Machen. “El Gran Dios Pan.” En “Antología de Cuentos de Terror.”, Vol. III. Alianza Editorial, Madrid, 1982. Pág. 10.
  2. “La siguiente etapa importante es aquella en que el poder misterioso se concibe no en, sino detrás de los objetos y eventos.” Julian Huxley. “Religión sin Revelación.” Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1967. Pág. 172. El subrayado es del autor.
  3. “(…) esa santidad no tiene en su origen el sentido restringido que le damos, referido únicamente a lo < sagrado que es bueno>, sino que también puede incluir a lo <sagrado que es malo.>” Id., Pág.160.
  4. Arthur Machen. “El Pueblo Blanco.” En “Antología de Cuentos de Terror.” Ob. Cit. Pág. 73.
  5. Según Rafael Llopis. “Los Mitos de Cthulhu.” Alianza Editorial, Madrid,1970.
  6. Para Lovecraft- que, como he dicho, fue un terrible pesimista- no hay modo de defenderse de los Primordiales salvo, si acaso, por el azar. Los benévolos Dioses Arquetípicos, enemigos de los Primordiales a los que mantienen reprimidos mediante signos místicos, son en realidad creación de Derleth. Sólo al final de sus días e influido por éste, aceptó Lovecraft en sus últimos cuentos la posibilidad de defenderse del Mal, aunque sin especificar los métodos.” Rafael Llopis. “Los Mitos de Cthulhu.” Ob. Cit.Pág.36.
  7. Rosemary Jackson. “Fantasy: literatura y subversión.” Catálogos Editora, Buenos Aires, 1986.

Patricio Alfonso

(Marzo de 2001)