Clark Ashton Smith: Poeta de las sombras (I parte)

Clark Ashton Smith

Clark Ashton Smith

La literatura preternatural de este siglo se ha visto influida de manera casi imperceptible por la obra del grandioso soñador de Auburn (pequeño punto dentro de la geografía norteamericana); es decir por la mente y mano de Clark Ashton Smith. Esta fuerza sutil – pero eficaz- ha navegado como enloquecedor incienso en los cerebros de algunos de los más importantes escritores de este tipo de literatura (Lovecraft y Bradbury, vienen de inmediato a nuestro recuerdo), calando hondo en sus propias manifestaciones narrativas.

Nadie – lo reconozcan o no, lo cual para estos efectos es decir lo mismo- parece estar libre de ese ácido influjo, de esa prosa exuberante y ominosa: August Derleth, Moorcock, Bradbury, Lin Carter, Lovecraft, Sprague de Camp, Robert Howard, Sturgeon, por mencionar algunos.

Su hechizo ha demostrado seriedad insospechada. Su melancólica figura, en cuya mirada apreciamos aquella perversión con la cual Hermann Hesse caracteriza a quienes llevan en sí el Signo de Caín, y que se nos revela en aquel libro tan poco humano, llamado Demian. En efecto, Smith conoció aquel abismo que no posee fondo (el interminable báratro tan bien descripto en el excelente relato “Los habitantes del pozo” de Abraham Merritt (*1)). Bebió como Poe, Lovecraft o Emil Sinclair – el personaje ficticio de la novela Demian-, o como Dante, el vino más amargo; el que conduce a la inmortalidad, pues mata al horrendo Gusano, que corroe la vida desde su inicio. Sus ojos extraviados lo demuestran. Sus textos lo corroboran, sin posibilidad de apelación o defensa.

Nació el 13 de enero de 1893, en Long Valley. Una vez que sus padres salieron rumbo a Auburn, él ya no saldría más de allí, como le ocurriera a su gran amigo Lovecraft con su amada Providence, a la cual divinizó en su prosa y poesía. Desde Auburn viajará mentalmente a los tiempos de la vieja Hiperbórea – dándole un aspecto macabro a este lugar que, por supuesto, nada tiene que ver con la idea Tradicional de tal centro (*2)-. Como Lovecraft, fue enemigo de la modernidad, y dedicó parte importante de su tiempo a la creación de mundos del todo diferentes al nuestro, donde todas las posibilidades coexisten en forma armoniosa. Su vida sería sencilla, incluso precaria. Lejos del dinero, lejos del ruido.

Desde pequeño dará notables y poco usuales muestras de amor por la letra impresa. Así, por ejemplo, a muy corta edad ya había devorado por completo “Las Mil y Una Noches” o la “Enciclopedia Británica”. Y esto, según Lin Carter, no una, sino varias veces (*3). La lectura de diccionarios, unida al estudio, siempre autodidacta, de algunos idiomas (fue autor de poemas escritos incluso en castellano), lo transformarán en un hombre de gran manejo de conceptos, lo cual se aprecia en la fluidez obtenida en sus mejores narraciones.

Entre sus autores predilectos pueden contarse Ambrose Bierce, George Sterling, William Beckford, E.A.Poe, Charles Fort (el célebre autor del extraño “Libro de los condenados”, tantas veces citado por H.P.Lovecraft y August Derleth), Lovecraft, Baudelaire, Robert W. Chambers, Arthur Machen, especialmente. Esto en cuanto a escritores. Respecto a sus más queridos dibujantes, podemos señalar a Harry Clarke, Rackham, Sime, y Alaistar (*4). Algunos de estos, como Clarke o Alaistar, son notables artistas, poseedores de la misma dosis “demoniaca” que puede hallarse en los textos smithianos (*5).

En sus comienzos como escritor, Smith deambuló por el círculo de autores frecuentado por Jack London, Ambrose Bierce y George Sterling. Con este último tendrá una muy buena amistad, que se expresará en la calidad de mentor literario que Sterling tendría sobre Smith, y que sólo se interrumpirá con el suicidio del poeta en noviembre de 1926, hecho que marcaría profundamente a nuestro hombre, y que seguiría a otros desiguales efectos devastadores: el suicidio del creador de Conan el Bárbaro, Robert E. Howard, en 1936 y la muerte de Lovecraft en marzo de 1937. Estos sucesos son de importancia, puesto que con la muerte de este último, Smith ya no escribirá con la calidad y continuidad anterior, como si parte de su vigor literario perdiera cualidad con la muerte de sus amigos.

El primer relato fantástico de Smith (pues luego de escribir algunas originales poesías, derivó a una literatura comercial, que poco interés presenta actualmente para los aficionados a Smith), es “Las abominaciones de Yondo”, publicada en el mes de abril de 1925, en el “Overland Monthly”.

Pronto y gracias a las sugerencias de Lovecraft, el cual ya era su camarada epistolar, Smith empezaría a probar suerte con la que sería la revista de horror y fantasía más célebre de todos los tiempos: Weird Tales. De allí, surgirían autores como los dos ya mencionados, junto a Robert Bloch, August Derleth, Robert E. Howard, Ray Bradbury, por sólo mencionar a algunos colosos.

NOTAS:

(1)- Este cuento fue publicado inicialmente en el número del 5 de enero de 1918 en la célebre revista All-Story, y publicado en castellano en la “Antología de relatos de espanto y terror”, de la editorial española Dronte. La influencia de este trabajo de Merritt – autor de la novela best sellers de su tiempo “El pantano luna”- en autores como Lovecraft o el mismo Smith es un tema aun no profundizado con seriedad por los estudiosos de Literatura Fantástica.

(2)- Para saber más sobre Hiperbórea puede considerarse como referencia general lo dicho por el mismo Lin Carter en la introducción a la recopilación de textos de C.A.Smith “Hyperborea” (Editorial Edaf, España, 1978). Desde una perspectiva Tradicional, son útiles algunos trabajos de René Guénon, como por ejemplo el ensayo “Atlántida e Hiperborea”, publicado en el libro “Formas tradicionales y ciclos cósmicos” (Editorial Obelisco, España.1984). En el fondo, de lo que se trata cuando nos referimos tradicionalmente a Hiperbórea, es a la idea del Centro, como símbolo y como lugar del cual emana la pureza. Es también el lugar de los orígenes. En cambio, Smith sólo ocupa este nombre como herramienta literaria, puesto que evoca en todos la idea de algo muy remoto, y de lo cual la historia prácticamente nada sabe.

(3). Véase la introducción de Lin Carter al texto de Smith “Zothique” (Editorial Edaf, España.1977)

(4). Véase la carta enviada por C.A.Smith al dibujante de Weid Tales, Virgil Finlay, de fecha 15 de mayo de 1937.

(5). Pocos textos, si hay más de uno, han sido publicados en nuestro idioma donde se estudie a estos dibujantes de lo exótico. El único que conocemos es “En busca de Abraxas” (Ediciones Felmar, España.1975) de N.Drury y S.Skinner, el cual se relaciona con ellos, al menos indirectamente, e incluye dibujos de simbolistas como Clarke, Alaistair y Spare, entre otros.

Sergio Fritz Roa

(2003)

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