Semblanza de Lovecraft

Tumba de H.P.Lovecraft con el breve, pero significativo, epitafio "Yo soy Providence"

Tumba de H.P.Lovecraft con el breve, pero significativo, epitafio "Yo soy Providence".

Howard Phillips Lovecraft, “hado del horror inimaginable” (según la enciclopedia fantaciencia) fue una de esas figuras de la literatura injustamente ignoradas en su tiempo. Peor aún, su vida estuvo plagada de acontecimientos adversos que influyeron en su personalidad. No obstante, él logró extraer de esa miríada de dificultades la fuerza suficiente como para plasmar en papel sus ideas. Sin dudas ello resultóle complicado y es por eso que se ha creado todo un mito sobre su “locura”. En más de una forma, creo yo, Lovecraft se ha convertido en el catalizador de todos quienes piensan distinto a la mayoría, pues han sufrido un rechazo social semejante al vivido por este escritor norteamericano.

Yendo más allá de un simple análisis de su personalidad, podemos afirmar con certeza que Lovecraft abrió un nuevo camino al género de horror, confiriéndole un aire de realismo o materialismo del cual hasta entonces había carecido; por algo suele denominársele como “el creador del cuento materialista de terror”. Esto lo captaron algunos de sus contemporáneos, como por ejemplo August Derleth, Frank Belknap Long y Robert E. Howard, quienes le brindaron su ayuda y amistad. Entre todos colaboraron activamente en lo que hoy se denomina “los mitos de Cthulhu”, transformando de esta manera el antiguo y tradicional concepto del terror.

Su primer relato publicado fue Dagon, en la revista Weird Tales (cuentos fantásticos) en el año 1917, es decir, en la época previa a la primera etapa de la ciencia-ficción (1926-1938), por lo tanto, es innegable cierta influencia de ella. De esta influencia pudieron obtenerse buenos detalles narrativos, que le dan mayor verosimilitud a lo escrito por Lovecraft. Es así como los monstruos y demonios pasaron a provenir no de un obscuro “más allá”, sino de una “aterradora dimensión” o de un “abismo intergaláctico”. De aquí que a veces la línea divisoria entre terror y ciencia-ficción no esté clara en algunos relatos (“la sombra fuera del tiempo”, “en las montañas de la locura”). A pesar de eso, la narrativa que cultivó es ante todo terror.

La fuerza que lovecraft ponía en sus relatos, la correcta y prosaica manera de redactar y las vívidamente reales descripciones de hechos y situaciones del pasado demuestran su calidad de artista, pues el libro imaginario Necronomicon que aparece asiduamente en sus obras ha pasado a engrosar la lista de los libros “malditos” tal como lo son, por ejemplo, el “libro de toth” y “las estancias de Dzyan”. La especial atmósfera creada por Lovecraft contenía un aire de realismo sumamente tangible, por lo que han sido muchos quienes creen en la existencia del ya mencionado Necronomicon. Hasta el día de hoy el libro es solicitado en bibliotecas y librerías; inclusive en una revista año cero un lector preguntó dónde podría conseguirlo. Esto ha sido objeto de una controversia desmesurada, a tal punto que Colin Wilson (crítico y comentarista) opina que Lovecraft creía en los mitos de Cthulhu; pero August Derleth (amigo y continuador de Lovecraft) desmentía esa afirmación para ello ver el libro “El rastro de Chulhu”, de Derleth . Jacques Bergier (investigador y científico, con quien Lovecraft mantuvo correspondencia) afirma que en una de sus cartas el mismo creador del Necronomicon le afirmó que dicho libro no existía y era fruto de su imaginación. A veces uno puede verse sumido en la duda, pues, a guisa de ejemplo, en la contratapa de una revista extranjera era anunciada la publicación en fascículos del Necronomicon. Esto último puede ser una manifestación más de la cultura (¿o incultura?) consumista que nos rodea, en la cual todo vale con tal que venda. Los mitos de Lovecraft se han convertido en uno de los tantos temas polémicos que existen en el mundo y para cualquier lector de terror avezado ello es claro. A fin de cuentas, es fácil imaginar que en verdad leyó algunos textos ocultos y para disimular inventó el nombre de Necronomicon; pero con la imaginación pueden hacerse muchas cosas.

Lovecraft también ha sufrido ataques por sus ideas pro nazis. Además, en la actualidad agrupaciones de extrema religiosidad lo usan como símbolo de la maldad, un símbolo de literatura “degenerada”. No me parece adecuado llegar a un extremo como ése y hay que mencionarlo porque es parte de las consecuencias de la obra de este escritor, una demostración de lo profundo que él caló en la conciencia de la gente.

En términos simples y criollos podemos aseverar que Lovecraft “pena” dentro del universo de la literatura de terror, porque es común que cada buena antología del mismo contenga una historia, frase o alusión del “solitario de Providence”. Esto sucede no sólo en las obras de terror: Jacques Bergier ya mencionado y conocido por quienes nos interesamos por los “temas condenados” realiza un alcance sobre Lovecraft en su libro “los extraterrestres en la historia”. En dicho alcance menciona la ciudad perdida de Irem (Arabia, que en realidad es conocida como el yafri), en el cual no descarta la existencia de ella.

Ha sido inevitable la vulgarización de la mitología lovecraftiana. Es así como el temible Cthulhu y uno de los grandes antiguos aparecen caricariturizados en la mediocre serie de dibujos animados “Los cazafantasmas”. También existen dos películas de segunda categoría basadas en historias de Lovecraft: “Reanimator” y “From beyond”. El ambiente que emana de ellas es el del clásico esquema de sangre y cuerpos cercenados sin mayor orden. Y esto nos indica algo ya de sobra conocido: la baja calidad de las películas de terror, en las cuales prima el impacto visual de los efectos especiales por sobre el argumento. El mejor ejemplo de ello lo constituye la última versión de la película “La mosca”, que en poco se parece al relato original de George Langelaan.

Internarse en el mundo lovecraftiano es adentrarse en un mundo en el que las pesadillas, los sueños, lo arcano, lo grotesco y los dioses de diversa índole así como sus sicarios dominan con una fuerza atávica y oculta, un mundo que subyace bajo el nuestro y que aflora ocasionalmente cuando se dan determinadas circunstancias. Todo este universo de horror cósmico se encuentra siempre presente a través de variadas leyendas y figuras esculpidas, pudiendo ser alcanzado desde cualquier punto de nuestra sociedad, trastocando la visión del cosmos que poseen quienes osan hacerlo. Quizás refleje la dualidad bien-mal, donde el mal puede formar parte del bien y viceversa. Además, la homologación con la mitología cristiana que habla de una rebelión angelical el alzamiento de los primigenios contra los dioses arquetípicos es obvia; J.R.R.Tolkien también lo hace en sus relatos con la rebelión de Melkor contra Ilúvatar. Dejo un estudio de este tipo a quienes gustan de los estudios comparativos.

El tiempo ha transcurrido de la manera inexorable que lo caracteriza, estampando a Lovecraft en la historia de la literatura de horror como una de sus piedras angulares. Con este discurrir ha sido inevitable según ya he mencionado la mistificación de su imagen. Hay quienes lo consideran un loco; otros, en cambio, le rinden culto. La verdad, a mi juicio, radica en un mesurado eclecticismo entre estas dos tendencias. Su gran cultura autodidacta desmiente cualquier epígrafe de “ignorante”; la complejidad y profundidad de sus mitos (en parte reales y en parte imaginarios) se contrapone al calificativo de “simplista”; sus amistades replican en término de “anacoreta”. De todo eso podemos obtener una semblanza más verdadera de su personalidad, la cual nos indica que, si bien arrastraba conflictos emotivos personales, ello no le impidió desarrollar su temática literaria. Y dentro de ese desarrollo es grato reconocer que no mezcló la política con la literatura, algo que hoy en día es difícil encontrar.

La riqueza de la palabra escrita se ha perdido en las últimas generaciones; era algo que ya comenzaba a suceder en la época en que lovecraft publicó sus relatos. Por esto es que su estilo gótico sorprende e impresiona todavía más que antes, pues el nuestro es un mundo de vulgaridades y simplezas. Hay que considerarlo para darle las últimas pinceladas a esta semblanza, ya que en poco nos serviría el comprender el ambiente socio-cultural de lovecraft sin comprender el nuestro. Quizás sea mejor imitarlo en su riqueza idiomática como una forma de superarnos, de volver a ser capaces de generar sensaciones extremas mediante las palabras. Tal vez sea un paso el primero para llegar a comprenderlo.

Creo justo finalizar con un trozo del ya famoso Necronomicon que, de alguna manera, realiza un alcance filosófico sobre la inmortalidad y que admite más de una interpretación:

“No está muerto lo que eternamente puede dormir.

Y con extrañas eran aún la muerte puede morir.”

Desde estas líneas rindo un homenaje a tan egregio escritor, esperando con ello hacer justicia con su ignominioso fin.

Teobaldo Mercado

Bibliografía:

Enciclopedia Fantaciencia, Egc S.Aa., España, abril de 1982.

Los libros condenados, de Jacques Bergier, Plaza y Janés, España, 1976.

Los extraterrestres en la historia, de Jacques Bergier, Plaza y Janés, España, 1972.

Los mitos de Cthulhu, de H.P.Lovecraft y otros, Alianza Editorial S.A, España, 1978.

El Silmarillion, de J.R.R.Tolkien, Ediciones Minotauro, Argentina, diciembre de 1989.

En las montañas de la locura, de H .P.Lovecraft, Editorial Seix Barral, España, 1981.

Sobre la ciencia-ficción, de Isaac Asimov, Editorial Sudamericana, Argentina, 1982.

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1 comentario

  1. asenath bathory said,

    enero 7, 2010 a 9:25 pm

    I LOVE YOUUUUUUUUUU H. P. LOVECRAFT FOREVER …. GOD1!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!1111


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